jueves, 29 de abril de 2010

pulso

me llama desde allí, desde el final de la escalera. eso parece, al menos, que me llama. yo bajo con algo de mal humor porque presiento que no me va a gustar. me duele el pecho, dice. yo no sé qué decir. ¿un vaso de agua?, digo. no no, es sólo que me da miedo, quedaté.

mientras tanto en mi cabeza sigo dándole vueltas: mis reacciones son bastante lentas pero normalmente no me preocupa demasiado.

es mejor que no pienses mucho en ello, estas cosas pasan. lo que hay que hacer es no intentar controlarlo, dejar que pase por dónde tenga que pasar y sobre todo ser muy consciente de que no puede pasarte nada más que lo que te está pasando ahora. ya puedes irte, dice. yo no sé qué decir. si necesitas algo llama, digo. sí, me voy. subo la escalera con algo de mal humor porque presiento que no me va a gustar.

ya no me llama, ni desde el final de la escalera ni desde el principio. eso parece, al menos, que no me llama.

jueves, 22 de abril de 2010

y lo que pasa es que no creo que sea necesario repetir-lo


y lo que pasa es que creo que ya lo-hice

jueves, 25 de marzo de 2010

cambios favorables


- ¡¿un año entero sin escribir?!... me dejas anonadada, la verdad.

- efectivamente, un año entero sin escribir, pero me pregunto por qué y no hallo respuesta.

- en mi opinión debe haber estado tremendamente ocupada, dando la vuelta al mundo quizá.


- ¿la vuelta al mundo dices? (risas) no hagas que me carcajee (risas): esa chica no es capaz de dar la vuelta a la esquina sin sentirse desprotegida. puede que simplemente esté perdiendo el interés... últimamente he notado que incluso va mal vestida, ya no combina los colores como antaño (chasqueo bucal)

- interesante... muy interesante...

viernes, 27 de febrero de 2009

la vejez

Sí, me siento vieja y la verdad es que tengo algunos problemas relacionados con esta nueva condición mía:

En primer lugar señalo el hecho de que habiendo terminado una carrera y un máster con bastante premura sigo más o menos en el mismo punto que antes de todo eso. Lo cierto es que no se cómo tomármelo ahora que me doy cuenta de mi vejez.

En segundo lugar tengo algunas lagunas en cuanto a etiquetar mi tipo de piel ahora que soy vieja. Siempre tuve una piel que yo podía perfectamente etiquetar como grasa pero hace unos días comencé a darle vueltas a este problema; ninguna anciana puede de ningún modo continuar incluyendo su tipo de piel en esta genérica categoría. Se me cayó el mundo a los pies al dar con este irrefutable argumento de modo que sigo indagando sobre este punto sin obtener resultados satisfactorios, lo cual me acarrea tremendos dolores de cabeza.

En tercer lugar considero que mis relaciones interpersonales deberían tomar otro cariz teniendo en cuenta el respeto que toda persona mayor merece simplemente debido a formar parte de este grupo de edad. No se tampoco por dónde tirar cuando me topo con una cosa así y los dolores de cabeza se tornan realmente insoportables. Este aspecto requiere un gran esfuerzo por mi parte ya que al ser nueva en esto a veces no atino a comportarme como es debido creando un tremendo vacío en derredor.

En cuarto lugar está la cronología. No se si sabría diferenciar el momento en que toca hacer esto o aquello. Por ejemplo ¿en qué momento empiezo a recordar historias pasadas? o ¿cuándo ha llegado el día de levantarme a horas intempestivas como pueden ser las 6 o las 7 de la mañana para barrer la puerta de casa? No se, la verdad, no se.

Existen muchísmos problemas más relacionados con esta materia que no es el momento de escudriñar a fondo. Sería un foco de ansiedad excesivo para una sola aplicación ahora que soy vieja.

domingo, 18 de enero de 2009

gracias y desgracias de la vida antillera

Podría afirmar que en este momento me siento de lo más a gusto porque efectivamente lo estoy.

No tengo una vida demasiado emocionante, la verdad, pero al menos dispongo de todo mi tiempo. Actualmente me dedico a la contemplación y realmente es una profesión vivificante, tanto es así que he engordado unos cuatro kilos en los últimos meses.

Por otro lado es de tener en cuenta que la persona contemplativa está absolutamente sujeta a los altibajos propios de cualquier ser pensante que se ven acentuados continuamente por las cualidades inherentes a su inactividad y ocasionalmente por los atribuíbles a los ciclos menstruales, en mi caso.

Los adornos de este modo de vida nunca dejan de aportar retribuciones personales, si bien es cierto que se necesitan ingentes cantidades de paciencia.

Podría decir que mi paciencia ha engordado unos cuatro kilos porque efectivamente lo noto.